Crítica literaria a “Dime quién soy”, Julia Navarro

¿Alguna vez habéis leído una novela apasionante en la que no habéis perdido el interés ni un sólo momento, y además habéis aprendido sobre la historia reciente?

Algo así y mucho más se puede decir de “Dime quién soy”, una obra maestra salida de la pluma de Julia Navarro.

Esta novela narra la vida de una mujer valiente, díscola, con criterio, solidaria y nada conformista: Amelia Garayoa. Que vivió su vida intensamente, al dejar los lujos de la burguesía con tan sólo 18 años e inmiscuirse en la revolución comunista como espía soviética, lo que le llevó de un lado al otro del mundo con sus ideales por bandera, renunciando incluso a lo que más quería.

Este personaje tallado mentalmente al estilo de vida de hoy en día (S.XXI), pero enmarcado en el contexto de la España cañí, despliega simpatía y rechazo a partes iguales, con las acciones que va llevando a cabo a lo largo de las 1086 páginas que dura la aventura de su vida. Unas memorias que se encarga de recopilar un periodista llamado Guillermo Albi, su bisnieto. Que tras el encargo de su tía Marta, acepta el reto de ir sobre la pista de la historia de su antepasada, de la que su familia nada sabe, viajando alrededor del mundo. Así logra ir juntando pieza a pieza, el emocionante puzle de su vida. Y descubre qué papel tuvo Amelia Garayoa en la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la Guerra fría y el mismísimo día de la caída del Muro de Berlín.

Esta española empoderada por su propia fortaleza, a pesar de su aspecto frágil y delicado, pasó por las atrocidades del nazismo, la miseria que se vive después de salir de cualquier guerra, perteneciendo al bando derrotado, y un sinfín de sinsabores vitales, impulsada por el motor de la rabia y el amor. Dos emociones que dirigieron su vida y la fueron llevando de la gloria, al desastre y del calor emocional de querer y saberse querida, hasta la más pura soledad.

Sin duda es una novela que no dejará indiferente a nadie, que tenga el tiempo necesario para recrearse en ella. Es literatura de calidad, de esa que tanto gusto da descubrir de vez en cuando.

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Te Quiero

Te quiero así, vital, valiente y considerada.
Capaz de sonreírle a la desgracia
y no hundirte en el intento.

Te quiero asá, triste, melancólica y mimosa,
sin ningún complejo por mostrar que a veces las cosas no van.

Te quiero porque siempre estás ahí,
detallista, atenta y leal.
Y eso es lo que te distingue de cualquier otra persona,
que de un día para otro, desaparece sin más.

Te quiero por las mañanas, por las noches, y sobre todo a media tarde, cuando los relojes se paran para volvernos a juntar.

Te quiero como si hubieras vivido en mi todo este tiempo y formases parte de lo que vivo, sueño y digo.

Te quiero y te voy a agarrar fuerte,
mientras me duren estas ganas de aventura, que para que engañarnos, algun día se acabarán.

Te quiero sincera y con voz.

Empodérate hoy, la vida es para ti

— ¡Lucía no te imaginas de quién volví a tener noticas ayer!

— ¿De Susana?

—Sí, después de no sé cuánto tiempo volvió a aparecer. Hablamos cuatro cosas por encima, en whatsapp, y poco más. Lo más gracioso es que al día siguiente nos encontramos por la calle.

—Qué triste después de todo que os tengáis que volver a ver porque os encontréis por la calle.

—La verdad es que sí. Es bastante cutre la cosa a día de hoy, después de toda la magia que nos despertamos una en la otra. La encontré muy fría. Me dio un abrazo de esos en que los cuerpos no se tocan ni por casualidad, y me acercó la cara para que chocáramos pómulo con pómulo, ya ni las mejillas, ni por descontado un beso… imagínate qué nivel distancia.

—Por favor, qué lamentable.

— ¿Sabes qué? Estoy tan empoderada que paso de tonterías. Si eso es lo que tiene que ofrecer, está claro que su camino y el mío van en diferentes direcciones.

— ¡Bien dicho!

— ¿Y con Julia qué tal?

—Más de lo mismo. Me busca,  enreda, en algún momento se acuerda de que tiene novio, se agobia y recula. Y por lo visto dijo algo feo sobre mí no hace mucho.

— ¿Cómo sabes eso?

—Las paredes hablan… Sinceramente era lo último que me esperaba. Yo viviéndola con toda la dulzura del mundo y me encuentro con esto.

— ¿Y qué vas a hacer?

—Empoderada como estoy, todo lo que no me suma lo voy dejando en el camino. Quien no me trate con respeto, consideración y amor no tiene sitio en mi vida.

 

Dulce tristeza la despedida

Dicen que las despedidas son tristes, y no es que les falte razón, pero se olvidan de la carga emocional tan bonita que llevan consigo.

Nunca he querido abrazar a alguien por última vez, sonreírle por última vez, o besarle por última vez. Pero es como cuando le dices a la persona de la que estás enomorad@ que la amas para siempre. Son instantes de una intensidad a los que no se llega a menudo. Y aunque contrarios, hacen que el corazón nos lata fuerte guardando sístoles y diástoles, para aquellos momentos en los que la nostalgia se nos pegue a la piel, y haya que rescatar el recuerdo de los días felices bajo el sol.

¡Vamos a hacernos el regalo!

Me he levantado de la siesta con una clarividencia y una determinación imparable. Diría que he marcado su número, pero a estas alturas todas sabemos que no va así. Perdonadme, me sonaba romántico.

La he llamado y mientras daba el tono, el corazón me iba al galope.

—¡Linda! —me ha contestado. ¿Qué me contás?

—¡Hola, guapa! Estaba pensando en ti, y mientras se me dibujaba una sonrisa en la cara, me he preguntado si habría posibilidad de bañarnos en el mar, las dos juntas.

Me apetece darte un masaje que funda el tiempo, mientras suenan las olas de fondo. Y quiero volver a sentir tus manos poniéndome crema por todo el cuerpo.

Bueno, en realidad quería preguntarte sobre tus ganas de experimentar. ¿A qué te referías? ¿Hasta dónde quieres llegar conmigo?

—¡Cómo sos! ¿Y vos?

—Yo pregunté primero, pero tengo ganas de responderte. Me muero de ganas de besarte y acariciarte todo el cuerpo con la yema de mis dedos. Quiero hacerte un traje de besos, respirarte, susurrarte al oído que contigo se me ha vuelto a despertar la chispita de alegría con la que camino por la vida. Que la sensación de tus labios sobre los míos es mejor, que la certeza de saber que el verano está ya a la vuelta de la esquina.

Y podría seguir contándote todo lo que me apetece al pensar en ti, pero me da miedo abrumarte y que decidas mirar hacia otro lado.

—¡Uff, sos intensa!

—No lo sabes tú bien, ja, ja, ja. ¡Dale, déjate llevar! Vamos a hacernos este regalo de despedida. Aunque te advierto que soy adictiva, nena.

—¡Vos no sabés con quién tratás! ja, ja, ja.

La negrura de Lara Vs. la plenitud de Cata

—¡Cata aterriza! ¿En que estás que se te ve completamente volada?
Qué apuro me has hecho pasar en la reunión. ¿De qué coño te reías cuando nos estaban tirando por tierra el proyecto?

—Perdona Lara, en serio. Me estaba recreando en el fin de semana.

—Ubícate tía, te he dicho mogollón de veces que cuando vengas a trabajar dejes tus emociones en la puerta.

—Ubícate tú, y entérate de que no se puede separar el agua del aceite. Pero bueno, realmente se que he estado fuera de lugar. Voy a intentar estar presente. Pero entiéndeme, se me están volviendo a llenar los sentidos.

—¿Otra vez has encontrado a la mujer de tu vida?

—Si no fuera por lo ancha que me siento te mandaría a cagar. Pero hay que ver, cuando una está contenta casi todo pierde importancia. Así que no me voy a enfadar. Es más, te la voy a presentar.

—Paso. Si tuviera que conocerlas a todas no haría otra cosa.

—¿No quieres? ¡Me parece bien también! Ja, ja, ja. Y hasta te voy a dar un consejo si me dejas. Suéltate el corsé imaginario ese que llevas, tanto cabreo con todo te está dejando mate.

Su novia, la lesbiana invisible

—Sandra, ayer me encontré con Silvia.

—Para, para, no quiero saber nada. ¿Dónde te la encontraste?

—De fiesta. Pero si no quieres saber nada me callo, perdona.

—No claro, ahora que ya me lo has dicho… ¿Con quién iba, con algún ligue?

—Que va, iba con dos amigos suyos gays que son pareja.

—¿Ah, si? Pues ni idea. Serán nuevos, porque cuando estabamos juntas no tenía ningún amigo gay. Todos eran correctamente heteros.

—Ni idea, eran muy majos. Me preguntó por ti, Sandra.

—Buah, tía, no me jodas.

—Es igual, olvídalo, no te he dicho nada.

—¿Qué te dijo?

—Quería saber cómo estabas y si habías conocido a alguien.

—No me lo puedo creer, tía. La cabrona aparece siempre cuando más tranquila estoy. Con todo lo que me costó volver a respirar después de dejarla.

—No sé que decirte. Sabes que yo no es que simpatizara mucho con ella, pero ayer me dio un poco de pena. Realmente creo que te echa de menos.

—Pues que se lo hubiera pensado antes. ¿Tú lo ves normal que me presentara como a una amiga, después de llevar ya más de un año juntas?

—Bueno, comprende que cada persona necesita su tiempo.

—Exacto. Y para mi el tiempo de esperar a que se empoderase expiró. No puede ser que fuera con ella por la calle y no pudiera cogerle de la mano o darle un beso. ¿Tú sabes cuántos besos nos hemos perdido por guardar su apariencia?

—Claro que lo sé, cariño, era conmigo con quien hablabas horas y horas sobre esto. Pero, piensa que aunque yo no tuviera feeling con ella, sé que es una buena chica y que si todo lo que tienes que pagar es vivir sin ser visible… quizá no es tanto.

—¿¿¿Perdón??? Madre mía, cómo se nota que no has vivido nunca una situación castrante como esa. No estoy dispuesta a tener que esconderme simplemente por amar a alguien que no entra dentro del patrón social que marca la norma. Es así de sencillo. La vida es una, y nadie va a ser feliz por mi.

—Haz lo que quieras, yo sólo te digo que se le nota que realmente te quiere y lo está pasando mal.

—Ufff… Joder, para mi también fue difícil también, eh. La dejé estando todavía súper enamorada de ella.

—Llámala, tía. Igual está dispuesta a ser ella misma y dejarse ya de historias.

—No creo que la llame, bueno, no sé. ¿En serio me echa tanto de menos?