¿Qué esconde Pablo?

Dos días después de su terrible desengaño con Pablo, por haberse despedido de ella con dos besos castos y puros, en lugar de chuparle el boquino, como vulgarmente dice Elba, me llamó para darme las novedades.

—No te vas a creer lo que me ha contado Pablo, decía mientras se comía una hamburguesa de esas que descoyuntan la mandíbula.

—¿Te llamó él o fuiste tú?

—Sé que no debería, pero fui yo, tenía una angustia que no me dejaba dormir

—Muy mal Elba, ya sabes que hacer eso con un tío es hacerle creer que es imprescindible.

—Bueno, quería salir de dudas. Y me quedé todavía peor. Me negó que no me hubiese querido besar.

—Qué absurdo. Si lo hizo, lo hizo.

—Te vas a caer de espaldas. Me negó también que ese día hubiera quedado conmigo.

¿Iba drogado o qué?

—Me dio una sensación muy rara. Lo afirmaba con una serenidad, qué me dejo sin replica. También me dijo que me quería mucho y que aunque todavía había cosas que no sabía de él, esperaba que siguiéramos conociéndonos. “Hay cosas de mi que no sabes”, dijo medio compungido.

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—¿Qué cosas?

—No me las quiso decir. Últimamente tengo la impresión de que está algo ido. No quiero decir que esté loco, porque eso es demasiado, pero tampoco estoy segura de que esté 100% bien.

—Lo que te faltaba ya era eso. Anda y pasa de él. Vuelve a conectar el Tinder, y a vivir.

—No puedo, es como si a pesar de conocerle desde hace poco me hiciera falta. Creo que no me conviene, pero ahora mismo siento que no soy capaz de dejar de hablarle.

—Tú sabrás qué haces, pero acuérdate de Toni y de cómo te arrastró a su mierda.

—No es lo mismo. Toni estaba deprimido y realmente me necesitaba.

—No eres Teresa de Calcuta. Ya has encontrado algo que no te cuadra y no vale la pena investigar mucho. ¡Huye!

Ayer no durmió por estar hablándome toda la noche por WhatsApp. ¡Se quedó toda la noche despierto, tía! Y esta mañana me ha llamado 8 veces y no se lo he cogido. A la próxima tendré que descolgar. ¡Qué loco!

—No sé si quiero seguir escuchando esta historia.

—Uy, te tengo que dejar que me vuelve a llamar. ¡En un rato te explico!

Las aventuras de Elba (2ª parte)

“Me niego a aceptar que esto esté pasando así. No tiene ningún sentido”, repetía Elba una vez detrás de otra.

No había quien la sacase de ese estado catatónico en el que estaba tras haber pasado la tarde entera con Pablo, peinando las calles del Eixample y más tarde las de Born, para volver al Eixample donde acabaron por despedirse.

­A ver nena, cálmate. Respira, mírame y cuéntame qué te ha pasado ahora.

-¿Te acuerdas de que descubrí que estaba forrado?

-Sí

-Me dijo la semana pasada, pocos días después de descubrirlo, que me estaba preparando una sorpresa: “Un viaje que va a marcar tu vida para siempre”, dijo el pedazo de mamarracho.

-¿Qué barbaridad Elba, desde cuándo alguien tan encantador se convierte en un mamarracho por regalarte un viaje?

-Calla, calla. Encantador… pero de serpientes, o yo que sé de qué. Me hizo una ilusión increíble. Fui corriendo a comprar dos maletas a juego nada más saberlo, para ir bien conjuntados y rebosar amor a pares, como esas parejas que lo llevan todo igual. Publiqué a diestro y siniestro, o sea, por todas las redes que mi AMOR me acababa de hacer un regalazo, aunque aún no sabía ni adónde me iba a llevar.

-Hija mía, que desmesurada eres…

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-Tía era increíble, me parecía todo un sueño. Hasta había llegado a pensar que el viaje sería a París y me pediría arriba del todo de la Torre Eiffel que adoptásemos dos perritas gemelas.

-¿Perdón?

-Es lo más romántico que puede regalarte alguien, parece mentira que te pille de nuevo.

-Si tú lo dices…

-Bueno, a lo que iba, el caso es que todo iba genial. Cariñitos y caprichos a tutiplén, sexo a borbotones. Cenar aquí, dormir allá. Hoteles de lujo en los que jamás pensé que pondría estas menorquinas que me acompañan casi desde que nací.

-¡Venga, suéltalo ya!

-Ay, qué impaciente. Tengo que explicártelo bien, ya sabes que sin todos los detalles pierde fuerza.

-Con todos a veces también la pierde…créeme…

-Deja de quejarte y escucha. El caso es que hemos ido a ver una obra de teatro benéfica sobre refugiados, porque aunque esté forrado, él es muy solidario, aix… cada vez que pienso en lo perfecto que parecía…

-Ya no sé si me vas a contar algo bueno o malo de él …

-Malo. Muy malo. Terrible. Se ha pasado toda la obra acariciándome la mano y la espalda. Tanto que me estaba empezando a agobiar. Y para que yo me agobie tela…  Y nada más salir del teatro hemos ido a pasear, que ya sabes que le encanta igual que a mí. Y genial, todo el rato explicándonos cosas que todavía no sabíamos uno del otro. Que si yo estudié aquí, que si trabajé allá. Y tía, alucina qué coincidencia. Hemos hecho prácticas en el mismo sitio y tuvimos las mismas profesoras, aunque en institutos diferentes.

-Suena a alguna señal del destino de esas que tú dices.

-Sí, sí, justo eso es lo que le he dicho yo.

-¿Cuál es la catástrofe entonces?

-Que cuando hemos ido a despedirnos me ha ido a dar dos besos. Pensaba que estaba bromeando, pero justo cuando he girado la cara para acercarme a sus labios me ha dicho que no y se ha echado para atrás.

-¿En serio?

-Flipando me he quedado.

-¿Y no le has preguntado por qué?

-Claro. Va y me dice que no le sale. Y lo ha repetido varias veces, tapándose la boca. ¿Qué querrá decir ese gesto? En ese momento, mi reino por preguntarle a la mujer esa que sale en Sálvame, analizando los gestos. Le he agarrado del brazo y le he dicho: “¿qué me estás contando?, entre alucinada y con ganas de ahostiarlo.

-¿Y qué te ha dicho?

-Nada. Ha vuelto a repetir lo mismo: “no me sale”, como si fuera un desconocido al que no había besado antes. Como si de repente fuéramos dos personas que se acaban de conocer y se despiden sin más porque no se han gustado.

-Madre mía, tus historias se superan día a día. Vaya reacción más extraña. Habla con él mañana. Vete a saber tú qué coño se le habrá pasado por la cabeza para hacer eso.

-Mujer, espero que precisamente, coño ninguno…

-Ay chica es una forma de hablar… ja ja ja

CONTINUARÁ

El nuevo amor de Elba

“Me encanta. ¡Es que es como yo, escuchamos la misma música y a los dos nos gusta viajar!”

Esta frase suele repetirse cada dos o tres semanas, cuando Elba regresa rauda, de una de sus citas, para explicarme con pelos y señales cada una de sus sensaciones.

Los conoce en una aplicación de tantas que hay ahora en el mercado y en las que están inscritos todos los solteros y parte de los emparejados de Barcelona, que buscan lo mismo que le impulsaba a bailar a Macarena… darle alegría al cuerpo y cosa buena.

“Creo que esta vez sí que he acertado. El destino me lo ha puesto en el camino, y mira que yo no tenía pensado volver a quedar con nadie más de la app, que al final todos buscan lo mismo, un poco de sexo y hasta nunca”, me explicaba son un brillo especial en la mirada.

“Me dice cosas bonitas todo el rato, me habla por WhatsApp a todas horas y me envía corazones sin parar. Es el chico más romántico que me he encontrado”, relataba con la candidez que le caracteriza.

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Y es verdad, el chico era más atento que los últimos 10 a los que se había tomado la molestia de conocer. Destilaba perfección en cada uno de sus gestos. Su sonrisa era amplia, ordenada y de una claridad que hacía daño a los ojos. Su mirada gatuna detenía hasta el hipo, sus manos, grandes y robustas, podrían haber dado lugar a un terremoto cada vez que aplaudía. Y sus palabras, perfectamente pronunciadas eran replicas intensas y punzantes que llevaban a perder la noción de la realidad, absorta como quedaba una al recrear todo aquello que describía.

Si no hubiese llegado a conocerlo yo personalmente, hubiera creído que Elba se había quedado extasiada, una vez más, como de costumbre, con el primero que le había dedicado un poco de tiempo y de cariño para hacerla sentir especial. Pero esta vez hasta yo me preguntaba qué tenía de mágico aquel tal Pablo, que después de las dos semanas de cumplidos, zalamerías de rigor y retozamientos varios, continuaba deshaciéndose en halagos y esperando con impaciencia a que se hicieran las 20h. de la tarde para ir a buscarla a la puerta del trabajo.

“¿Sabes qué descubrí el otro día sin que él se diera cuenta? Está ultra forrado, se dejó abierta en la Tablet al sesión del banco y vi el enorme pastizal que tiene en su cuenta”, me contó a gritos Elba por teléfono, entre emocionada y sorprendida.

¿Sería verdad que Pablo estaba resultando ser aquel hombre perfecto que sólo existe en la imaginación, o había algún secreto turbio todavía por descubrir?

                C O N T I N U A R Á. . .

 

Crítica teatral a “Paradís Pintat”, de Ferruccio Cainero

“Quiero ser un ángel de la guarda”, ese, junto al de volar, es el deseo que impulsa al personaje interpretado por la payasa Pepa Plana a escaparse del paraíso pintado, que forma junto a tres angelitas más.

La obra dirigida por Ferruccio Cainero empieza siendo un espectáculo cómico en el que la payasa hace reír a los espectadores con su expresividad y la magia que transmite, como toda buena clown. Para crear ese ambiente cálido y esa complicidad con el público Pepa no se cansa de jugar utilizando todo el attrezzo del que dispone: un cojín gigante en el que se deja caer a plomo, unos alfileres enormes que le acaban sirviendo de muleta, y un baúl que abre la puerta al drama que tomará cuerpo más adelante y empieza a darle el giro de género al espectáculo, construyendo un puente que va de la risa al llanto.

Pasados los primeros minutos de la función el público se empieza a preguntar por qué querría un ángel escapar del paraíso. Y a medida que avanza la obra se da cuenta del significado que tiene la intención de la entrañable payasa.

La puerta que se abre al drama no es otra que la que comunica con la terrible crisis humanitaria de los refugiados. Personas que huyen de sus casas y de su país buscando un lugar en el que poder, no vivir, sino sobrevivir en la mayoría de los casos.

Pepa, ésta extraordinaria e inocente payasa, empieza a darse cuenta de lo complicado que puede llegar a ser erigirse como ángel de la guarda, ante la dantesca magnitud del problema. Y es que resulta imposible que una sola persona vele o se encargue de salvar a cientos de miles de inocentes, cuando una sociedad en su conjunto no hace lo propio para que este tipo de catástrofes no sucedan.

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La salida figurada de ese Paraíso pintado, no es más que un grito real a la acción de todos los ciudadanos de este lugar llamado mundo, para que pongamos nuestro granito de arena y ayudemos de la mejor forma, que sepamos o podamos, a todas esas personas que más allá de perder sus trabajos, sus casas y su calma, acaban ahogadas o muertas de frío en cualquier rincón de este gélido mundo, que sólo entiende de poder y de dinero.

El espectador llega a darse cuenta del mensaje real de la obra cuando sobre el escenario se recrea, de una forma magnífica, un fondo marino en el que no paran de precipitarse personas muertas hacia las profundidades del océano. Esta recreación visual del estudio Nueveojos, es la entrada definitiva al problema de fondo que sobrevolaba el escenario desde el principio.

Este tipo de espectáculos que consiguen conmovernos al darnos de bruces, una vez más, contra esta desalmada realidad, nos recuerdan la importancia reivindicativa que tiene el arte y el poder que tiene cada persona anónima en sus manos, de darle un rumbo distinto al devenir general de la humanidad.

Por si fuera poco con el gran mensaje que transmite Pepa Plana sobre las tablas, la payasa junto a la Sala Muntaner colaboran con la ONG Proactiva Open Arms donando todos los beneficios que se obtengan el próximo miércoles 1 de febrero a sus dos misiones de rescate de refugiados en el Mediterráneo central y en Lesbos (Grecia).

Hasta el 19 de Febrero en la Sala Muntaner

 

 

El Libro de los Baltimore, de Joël Dicker

Reseña literaria sobre El Libro de los Baltimore, de Joël Dicker

Hay quien sueña con una vida exitosa, una familia modelo que le acoja y le haga vivir momentos compartidos maravillosos, un amor que llene cada uno de los días y de los instantes. Y que, si puede ser, empiece por ser furtivo. Y que además sea una persona de esas que enamora todo el mundo, y aun pudiendo elegir a cualquiera, decida escogerte a ti.

Hay quien vive deslumbrado por el brillo que desprenden de los demás y no se da cuenta de que gran parte de esa luz proviene del reflejo de su propia grandeza. Así es Marcus Goldman, el protagonista de El Libro de los Baltimore. Un niño fascinado por el lujo y el éxito que envuelve a los Goldman de Baltimore (su tío Saúl, su tía Anita y sus primos Hillel y Woody) y que, entre acongojado y fastidiado, reniega desde el silencio, de los Goldman de Montclair, o sea, de su padre y de su madre, que viven el día a día como una familia de clase media, sin ostentaciones, ni segundas residencias en las que pasar las vacaciones.

Podría resumiros el libro entero, pero perdería toda la gracia. Prefiero deciros que esta novela es la mejor que ha caído en mis manos portadadesde hace tiempo. No sólo por la historia que explica a lo largo de sus 476 páginas, que está perfectamente narrada, por su sencillez y por el arte con el que va hilvanando el pasado lejano, el cercano y el presente, sino también por el extraordinario trabajo que ha hecho Joël Dicker al desgranar y plasmar tan bien los sentimientos que embargan a los tres grandes protagonistas: los primos Goldman: euforia, miedo, rencor, añoranza, agradecimiento, envidia, rabia, cobardía y sobre todo amor, lealtad y fraternidad.

Es la historia de vida de una estirpe que conmueve por el realismo y la naturalidad con la que está contada, y por los lazos tan fuertes que unen a sus miembros. Pocas familias son capaces de sobrevivir a sus disputas, rivalidades absurdas, o no, y secretos. Así como pocas tienen la suerte de contar con un escritor que sea capaz de honrar sus memorias.

La estrella que acaba guiando a los Goldman por el camino de la vida es la que debería unirnos a todas: el amor y el perdón.

Desde hoy, Joël Dicker se convierte en uno de mis autores de referencia. Tan sólo hay un pero en esta novela. Hay que estar muy atenta para no perderse en las idas y venidas del pasado al presente. En cuanto a todo lo demás, es bárbara.

El secreto de Resplandor

El siguiente cuento tiene su origen en una dinámica de trabajo en equipo, que mi compañero Víctor de Souza y yo, Nuria Campín, creamos, inspirada en la construcción de una figura con piezas de Lego. Se trataba de formar una estructura común poniendo en práctica nuestras competencias, potenciadas durante el curso de Marca Personal, realizado en la Cambra de Comerç de Barcelona de la mano de la formadora y coach personal, Juanita Acevedo Segura. Tales competencias son  creatividad, orientación a resultados, colaboración y empatía, entre otras muchas, con el objetivo de marcar al diferencia desde la esencia.

 

EL SECRETO DE RESPLANDOR

Corrían en el calendario los días de invierno de 2009, cuando cuatro amigos: Tomás, María, Anastasia, Oliver y su hija Graciela de 10 años, decidieron irse de vacaciones al bosque a acampar y pasar allí una semana rodeados de naturaleza, para dejar atrás el humo y el ruido de los coches de la ciudad.

A primera hora de la mañana subieron todos a la gran caravana de Oliver, donde había espacio para todos y comodidades nunca vistas. En la cabina de conducción había una gran plancha para cocinar perritos calientes, la comida preferida por todos, a excepción de Resplandor, el gato de Graciela, que sólo acostumbraba a comer conservas de pescado.

En un principio la mascota no entraba en el plan de la escapada, pero Oliver sabía que si quería llevar a su hija con él, tenía que admitir también al pequeño peludo. No sabía él lo importante que iba a resultar el gato en su peculiar aventura.

Ya eran las 12 del mediodía cuando llegaron a Espejaurus, un pueblo con un fantástico río que en aquella época hibernal estaba congelado, y que aun así resplandecía como el pelaje de Resplandor, el cuál ante la imagen quedó chocado y echó a correr adentrándose en el bosque.

Todo el grupo salió tras el gato, para evitar que se perdiera. A Graciela la inquietud por perder a Resplandor le hizo adelantarse al grupo hasta perderlos de vista. Afortunadamente 100 metros más para adelante encontró al gato inmóvil ante una casa señorial con la puerta de la entrada abierta, de par en par, por la que salía un exquisito olor a pan recién hecho.

Graciela sabía que no debía cruzar la puerta y adentrarse en una casa ajena, su padre se lo había advertido muchas veces. Pero no pudo evitar la tentación de hacerlo con la idea de probar un trozo de ese pan que embriagaba el ambiente, sin saber que en su moya contenía un embrujo.

Nada más dar el primer bocado notó que algo en su cabeza cambiaba, estaba adquiriendo un poder que le permitió hablar con su gato y entenderlo. Le gustó conocer su voz, ronca y grave, como la de los sabios de las películas. Resplandor maulló para aclarar su voz y acto seguido le transmitió un proverbio: “debes arriesgar si tu intención es honesta y buena”. Justo al acabar de pronunciar la frase llegaron Tomás, María, Anastasia y Oliver con el aliento entrecortado tras la carrera que habían hecho por el bosque en búsqueda de Graciela y Resplandor.

Ante la presencia de todos, el embrujo se deshizo y el gato no volvió a pronunciar una sola sílaba más. Graciela no pudo volver a hablar con él, pero ahora sabe que no debe temer a nada.

Por Víctor de Souza y Nuria Campín

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Crítica literaria a Elisabet Benavent por “En los zapatos de Valeria”

Autora: Elisabet Benavet. Libro: En los zapatos de Valeria

En todos los grupos de amigas existen diferentes perfiles que responden siempre a un mismo conjunto, esto es: la ligona (Lola), la guapa (Valeria), la fea (Carmen) y la recatada (Nerea). O al menos eso es lo que dicen… que sea verdad es otra cosa. En esta novela se cumple. Y a lo largo de sus 480 páginas, las aventuras de un grupo de cuatro amigas, que perfectamente podría ser el tuyo, se van narrando, cumpliendo con toda  clase de patrones y los estereotipos sociales. De esos que encasillan a las personas y hacen que ante el miedo a transgredir, todo quede bien etiquetado y definidoportada.

El principio de la novela podría ser más dinámico, hay que tener paciencia e ir avanzando para pasar los primeros capítulos y quedar enganchada al misterio del qué pasará. En cuanto a la narración aunque coherente en la mayoría de la obra, es a ratos un poco desconcertante al pasar de un lenguaje coloquial a otro más formal y sofisticado, en el que las palabras cultas rechinan por su contexto general.

Este libro que avanza a golpe de hormona, tiene el encanto en la cotidianidad de lo que explica. En esos romances que se debaten entre retroalimentarse y seguir hacia adelante, o poner un poco de razón a las sensaciones y parar en seco. A nivel moral despierta el dilema de hasta donde hay que llegar en la vida con una pareja que nos hace sentir mal a menudo. Pone en la mente de la lectora dónde está el punto de no retorno en el juego de la seducción y en el respeto hacia la otra persona.

Sorprendentemente el final no es que cabría esperar, tal y como se van transcurriendo los hechos, ese el otro de sus puntos fuertes, a pesar de que pueda ir en su contra por generar otras expectativas.

Sin duda, el desarrollo de las historias de cada una de las 4 amigas, pero sobre todo el desenlace del relato de Valeria, la protagonista, genera más apetito lector que puede verse satisfecho en la segunda parte de esta saga: Valeria en el espejo.